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Mostrando entradas de 2013

Nota del autor: Felices fiestas

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Imagen con latido (43): Tentempié de medianoche

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Zona en obras (Sexta parte)

― ¿Besarte en los labios? ―Kara no terminaba de creérselo―. ¿Me salvarás con un beso en los labios?

Imagen con latido (42): Pequeña pesadilla de grandes terrores

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Zona en obras (Quinta parte)

― ¿¡...Que van a matar a mi hermanita!? ―preguntó Claude, con la más agria de las angustias recorriendo el gesto de su rostro. Cuando formuló la pregunta, se señaló el pecho repetidas veces, para dejar claro que aquella persona mencionada era muy querida para él.

Imagen con latido (41): She-Wolf

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Zona en obras (Cuarta parte)

Los pies de Kara se apresuraron desesperadamente sobre el césped para regresar al sendero del parque. Sus pasos nerviosos y asustados se amortiguaban en la hierba con un sonido sordo, mientras la chica no dejaba de lanzar miradas hacia atrás para comprobar si aquel ser la estaba siguiendo. Hacía tan solo unos segundos, Kara había conseguido mantenerse tranquila y estática delante de aquel ángel; femenino, mutilado y arrodillado. Pero, finalmente, su miedo se había sobrepuesto al asombro. Las sensaciones de peligro e incertidumbre la obligaron a emprender una huida angustiosa para alejarse todo lo posible de aquel ser, cuya existencia creía imposible.

Zona en obras (Tercera parte)

― ¿Esto es una broma pesada o es que te has fumado algo? ―preguntó David, claramente enfadado con su compañero―. Espero que tengas una buena explicación para esto, porque la ambulancia que he llamado viene de camino.

Nota del autor: "Historias con latido" cumple un año

¡Muy buenas, mis “latientes”! El pasado 22 de noviembre este blog cumplió un año. Y para celebrarlo, he preparado contenido especial para este jueves. Así que, para que no os perdáis nada, aquí os detallo las novedades de hoy: Imagen con latido: Tu protector para siempre. Nota del autor: Tarjeta con latido. Historia del Pecha Kucha Night: De regalo. Zona en obras (Segunda parte). Espero que os gusten las novedades de esta semana y, como siempre, muchas gracias a todos mis “latientes”. ¡Saludos! Aio

Zona en obras (Segunda parte)

“ Creo que ha llegado el momento de hablar”. Esa había sido la frase que le había dicho su novio hacía una media hora. Era tarde y Kara iba sentada en el autobús de vuelta a casa. Disimulaba las lágrimas con un pañuelo de papel que, de vez en cuando, se acercaba a los ojos encharcados. Aquella maldita frase retumbaba una y otra vez dentro de su cabeza y su eco le taladraba el corazón derramando en su interior toda la pena que le oprimía el pecho y le estrechaba la garganta. “Creo que ha llegado el momento de hablar”, aquellas terribles palabras la perseguían como una maldición asfixiante que estuviese haciéndole compañía en el asiento de al lado.

Imagen con latido (38): Mi sol, mi luna y mi estrella

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Zona en obras (Primera parte)

― ¿Has oído ese ruido? ―preguntó Claude, acercándose el walkie-talkie a la boca, cuando ya iba por la mitad de su ronda nocturna en la zona en obras.

Imagen con latido (37): Sin puertas, ni ventanas

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Huida en coche

― ¡Bájese del coche de una maldita vez! ―ordenó la agente de policía a voz en grito―. No pienso repetírselo. ¡Obedezca!

Imagen con latido (36): Sigo buscándote

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Cárcel de escombros

― ¿Estáis todos bien? ―preguntó Cliff, alumbrando con la luz del teléfono móvil en todas direcciones―. ¿Hay algún herido?

Imagen con latido (35): Venimos en son de paz

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El río de las almas

Sus cansados ojos reflejaban el espectáculo luminoso que se desarrollaba ante ellos. Desde la infancia de Míjael, sus padres lo habían enseñado a apreciar la belleza de aquel fenómeno y a no tenerle miedo. Fue cuando ya había superado la adolescencia cuando su padre y su madre lo sentaron en el sillón grande del salón y le explicaron la auténtica y macabra naturaleza de aquel raro suceso, localizado delante de su domicilio. Y fue mucho más tarde, cuando Míjael se había convertido en huérfano primero y en adulto luego, cuando supo apreciar cada uno de los segundos de aquella maravilla que fluía constantemente delante de su cabaña.

Imagen con latido (34): No importa nada más

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El monstruo

La puerta se agitaba dentro del marco como si de un momento a otro fuesen a saltar las bisagras por el aire. El monstruo golpeaba la madera una y otra vez. Estaba decidido a abrirse paso a la fuerza, aunque para ello tuviese de dejarse la piel de los nudillos contra la madera barnizada. Golpe tras otro, arremetida tras arremetida, la puerta resistió cada uno de los ataques con una asombrosa resistencia que, sin embargo, disminuía un poco más con cada sacudida. Las grietas aparecieron para marcar los puntos débiles y las astillas indicaban que la madera pronto cedería. Nuevos golpes llegaron luego, y nuevas heridas se abrieron en la superficie. Dentro de unos pocos segundos nada se interpondría entre la bestia y sus víctimas. Madre una, hija la otra, pero ambas sollozantes y asustadas.

Imagen con latido (33): Sin ella

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Imagen con latido (32): Vueltas en círculo y callejones sin salida

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Culpa

Contempló la pastilla durante unos segundos. No pudo evitar que su mente buceara en el doloroso recuerdo que le encogía el corazón y le anudaba la garganta. Tan pronto volvió en sí, se lanzó la pastilla dentro de la boca y la obligó a bajar por la garganta a base de grandes y sonoros tragos de agua. Pasó su mano por el rostro y se dio cuenta de que todavía estaba temblando. Zack tomó aire con calma para relajarse y permitir que el tranquilizante fuese haciendo su efecto. Apagó la luz de la mesita de noche y se acomodó entre las sábanas de la cama. Un profundo suspiro supuso el inicio de una noche que Zack esperaba pasar a base de fármacos.

Imagen con latido (31): Andares

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Vueltas en círculo y callejones sin salida

― ¿Y cuánto tiempo llevas aquí? Para atajar el frío, Alain dio palmas con las manos dentro de sus manoplas y luego dedicó unos segundos a contar los meses mentalmente.

Imagen con latido (30): Olas de tormenta

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Andares

― Pórtate bien, Sebas ―le recomendó el agente de policía Hodghe―. Intenta por una vez en tu vida aguantar un día entero sin meterte en un lío, ¿quieres?

Imagen con latido (29): Te echo de menos

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Todo bien

¿Qué se supone que tengo que decir ahora? ¿Que soy feliz? ¿Que la he olvidado? ¿Que soy capaz de recomponer los pedazos de mi vida con alguien diferente? ¿Eso es acaso lo que se supone que tengo que decir?

Imagen con latido (28): Justicia siniestra

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Olas de tormenta

El sobrecogedor ronquido del mar retumbaba por las altas paredes desnudas del escarpado acantilado. Las olas arremetían con toda su rabia contra las rocas de la costa y las arrancaba de su reposo pétreo, para arrastrarlas luego hacia las profundidades oscuras. La alfombra de piedras rodantes traqueteaba, mientras la espuma del mar las engullía, entonando un canto de chasquidos secos, una petición de auxilio para que alguien o algo las salvase de ser hundidas y olvidadas en las fosas insondables de la tierra. Pero nada ni nadie podía librarlas ya del incontenible arrastre de la cólera de la marea.

Imagen con latido (27): Ayúdame

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Visiones

― ¿Quiere patatas fritas con la hamburguesa? La joven del establecimiento de comida rápida se quedó mirando a Elías con gesto interrogativo. El silencio estaba durando más de lo esperado.

Imagen con latido (26): Tú, y luego están todas las demás

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Lágrimas de sueño (Tercera y última parte)

“ Though we leave this world apart, I still went peacefully, quietly, with you still firmly... in my heart”. (Finality – Woods of Ypres) El bebé del vecino de al lado no dejaba de llorar. Leo supuso que el estruendo del disparo lo había despertado, aunque en realidad el llanto del pequeño no era lo que preocupaba a Leo. Lo que le puso más nervioso fue oír cómo sus padres hablaban por teléfono con la policía, informando de que habían escuchado el ruido de un disparo en el piso de al lado.

Imagen con latido (25): Metalhead

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Lágrimas de sueño (Segunda parte)

“ The choice was mine, to long for a time that will never come”. (Finality – Woods of Ypres) ― Estuve con ella, Matt ―Leo perdió la vista momentáneamente en el infinito, sin dejar de apuntar con el arma a la cabeza de Matt―. Estuve con Nerea... otra vez.

Imagen con latido (24): Abrazando recuerdos

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Lágrimas de sueño (Primera parte)

“ We didn´t spend our life together, and I will miss you forever”. (Finality – Woods of Ypres) ― Ah, hola. Eres tú. No te esperaba a estas horas ―Matt quitó la cadena de la puerta para dejar entrar a Leo―. De hecho, no te esperaba hasta dentro de dos semanas. Pero bueno... Pasa, hombre, pasa ―dijo, mientras le daba unas palmaditas, sobre la chaqueta mojada, cuando pasó a su lado.

Imagen con latido (23): Nuestra dueña

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El lado positivo

Frío, afilado y desangelado acero quirúrgico. Eso era todo cuanto Dennis pudo ver sobre la mesita de metal que tenía al lado. Lentamente, fue despertando de su sueño sobre la camilla, y la imagen del pulido instrumental se fue definiendo. Trató de llevarse las manos a la cara para desperezarse, pero algo se lo impidió. El corazón se le aceleró cuando bajó la mirada y se dio cuenta de que estaba desnudo y atado de pies y manos con correas. Tiró fuertemente de las de sus muñecas, pero no fue capaz de liberarse de ellas. Estaba fuertemente atado a aquella helada camilla cromada. Echó un vistazo alrededor. Con incredulidad, mantuvo la mirada fija en la amplia pared que tenía más allá de sus pies descalzos. Aquella superficie estaba completamente cubierta de varias filas de compuertas metálicas, herméticas y rectangulares. Todas estaban cerradas, todas salvo una.

Imagen con latido (22): El rostro de esa voz

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Desobediencia

Todo está negro. Pero no es una habitación sin luz. Tampoco se trata de una calle sin farolas. Ni siquiera se puede decir que sea la profundidad más honda del mar en una noche sin luna. Todo está mucho más oscuro, y mucho más callado.

Imagen con latido (21): Demasiado sola para sentirse orgullosa

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Sola

La bestia parpadeaba con debilidad. Su pupila alargada se había dilatado al máximo para aprovechar la escasa luz que llegaba a la explanada situada a los pies del castillo. El cielo nocturno y nublado bloqueaba por completo la luz lunar, tan solo el brillo anaranjado y lejano del castillo en llamas movía las sombras de los difuntos sembrados en el campo de batalla. Lanzas, espadas y flechas, clavadas en carne sanguinolenta, se alzaban al cielo y marcaban la tumba de cada guerrero, formando un bosque de metal ensangrentado, empuñaduras desgastadas y astas de lanzas partidas y astilladas. Y en medio de la barbarie, el dragón, firmemente apoyado sobre sus cuatro patas.

Imagen con latido (20): Salto de fe

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El manantial (Quinta y última parte)

El metal aún estaba caliente cuando Váral apretó el cañón de su arma contra la cabeza de Abbi. ― ¿Cuántos sois? ―le gritó―. ¡Responde!

Imagen con latido (19): Cú Chulainn

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El manantial (Cuarta parte)

El soldado Váral se asomó rápidamente por encima de la roca y apuntó con el fusil hacia el camión. A su nariz llegó el olor de la carne sanguinolenta de los pedazos desperdigados del camello, secándose al sol. A Váral todavía le costaba creer que acababa de estar justo al lado del causante de la emboscada. Apretó los labios, resignado por haber perdido la ocasión perfecta de haber acabado con él. Con la mirada, buscó a Kouric y lo encontró acercándose a su posición con el arma dirigida constantemente hacia la parte trasera del camión. Váral le hizo señas con la mano y le indicó que rodeara el camión por delante y que se acercara por el otro lado. Así, atacarían desde dos flancos. Por su parte, Rakku y Lailo se aproximaban al camión por la parte delantera, pero Váral les ordenó con otras señas que se detuvieran y que siguieran vigilando la zona. Váral no las tenía todas consigo, pues no estaba seguro de si podría haber más atacantes apostados cerca. Quizás, el crío escondido en el cami...

Imagen con latido (18): Ventana con vistas

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El manantial (Tercera parte)

― ¿Te has vuelto loco? ―le preguntó el soldado de la picazón en la cabeza, que salió a su paso y lo obligó a detenerse―. ¿Qué vas a hacer con esa granada? ¿Es que quieres que todo el mundo se entere de que estamos aquí?

Imagen con latido (17): Mi colmillo de metal

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El manantial (Segunda parte)

“No debería estar aquí. Están demasiado cerca, seguro que me encuentran. Van a matarme y no voy a poder hacer nada”, pensó Abbi, después de que el miedo lo hubiese dejado paralizado detrás de la roca. Esos y otros pensamientos nefastos cruzaron su mente mientras el convoy pasaba despacio justo por delante de su posición. Se apretó todo cuanto pudo contra la tierra de detrás de la piedra que lo ocultaba, como si intentara fundirse con cada grano de arena que se le pegaba a la ropa sudada. El ruido de los motores se volvió insoportable para sus oídos y el corazón se le aceleró como si estuviese escuchando los rugidos de una manada de leones hambrientos y sanguinarios. Pero a pesar de que aquel sonido resultaba intimidatorio, el despiadado rugido mecánico fue disminuyendo de intensidad conforme los vehículos militares frenaban la marcha gradualmente hasta detenerse ante el cadáver del camello.

Imagen con latido (16): Aprendizaje

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El manantial (Primera parte)

El intenso calor resultaba agobiante y hacía creer que incluso el oxígeno se evaporaba lentamente y desaparecía del aire caldeado. Abbi respiraba, pero no sentía que llenase sus pulmones de aire. Para él, tan solo era calor ardiente entrando por su nariz y resecando su garganta. Entornó los ojos. Los rayos del sol caían verticales sin que ninguna nube se atreviera a interponerse en su camino. La tierra suelta de aquella montaña del desierto absorbía cada grado de temperatura y lo escupía de vuelta al cielo azul, creando la ilusión de una cortina de calor que derretía eternamente el lejano horizonte de la cordillera. Abbi enjugó las pocas gotas de sudor que pudieron escapar por debajo del sucio turbante que lo protegía del calor. Tomó todo el aire que pudo, y acomodó su posición una vez más, con extremo cuidado. Llevaba toda la mañana esperando, y empezaba a dolerle todo el cuerpo. Movió la áspera lengua dentro de su boca para librase momentáneamente del mal sabor que tenía desde el am...

Imagen con latido (15): Nadie dijo que fuera a ser fácil

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Sublime

La penumbra bañaba la habitación, decorada con prendas de ropa por el suelo. La cortina se mecía suavemente, dejando que la luna curioseara por la ventana. La brisa de la noche, fresca y húmeda, erizaba la piel de las dos sombras que se enredaban entre las sábanas. Allí, las dos se envolvían entre sí, una sobre otra, en un baile sublime, en una danza al son de gemidos; cada vez más rápida, cada vez más fuerte. Pasión y sudor hasta el fin inevitable. Y las dos sombras se volvieron una sola. Y las dos sombras se dijeron “te quiero” al oído.

El vientre de Eva

― Disculpen el retraso. El doctor pasó raudo al lado de la mesa de roble de su despacho. La bata blanca se mecía a su espalda tratando de seguir el ritmo de sus pasos apresurados. Se sentó en su elegante silla de cuero negro sin apartar la vista de la tableta digital que llevaba en las manos. Un par de toques con el dedo índice y apartó el aparato a un lado de la mesa. Luego, cruzó las manos y miró directamente a la pareja que estaba sentada delante de él.

Imagen con latido (14): Mi propia isla

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Hijo

Mi corazón bombea sangre por todo mi cuerpo. Sangre roja y contundente que no me pertenece, sino que es la mezcla de generaciones que se pierden en las brumas del tiempo pasado. Siento cómo fluye por mí: sangre, tiempo, fuerza..., las experiencias de parientes perdidos, las vivencias de personas que nunca llegué a conocer, las vidas de antepasados que vivieron, amaron, lucharon y desaparecieron. Son parte de mí, soy su producto, soy el último eslabón de una cadena anclada en muchas paredes.

Imagen con latido (13): Tormento

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Hora de dormir

Llovía como si la creación entera fuese a morir ahogada por el llanto desconsolado de los nubarrones escondidos en el cielo nocturno. Claudia se acercó al cristal y contempló cómo se empezaban a formar charcos en la acera. Las grandes gotas de lluvia caían una detrás de otra, salpicando agua por todas partes. Ya era de madrugada, y no se veía a nadie en la calle. El lugar estaba desierto y húmedo, frío y mojado. Solo había lluvia helada, luces parpadeantes de farolas y ruido constante de chapoteo incontrolable.

Imagen con latido (12): Baila, pequeña diosa de hojalata

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Las cuatro insidiosas: Muerte

— E sos ojos... Esos macabros ojos negros... No me los quita de encima ni un segundo. ¿Os habéis fijado?

Imagen con latido (11): Boceto de la cuarta insidiosa

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Por favor

Por favor, sácame de aquí. Por favor, sácame de aquí. Por favor, llévame lejos, donde deje de sangrar, donde deje de llorar, donde deje de recordar. El aire me asfixia, no respiro. ¿Por qué? Los demás me miran y no comprenden. Me oyen y se aburren. Me preguntan y se cansan. Nadie comparte mi carga incomprensible. Nadie comprende mi puzle y continúa desarmado. Demasiadas piezas, demasiado diferentes. Formas imposibles. No encajan, no hay figura, no hay forma, no hay contenido, no hay fin. Solo piezas que no dejan de venir y que no encajan. Lluvia de pedazos de una vida que no conduce a ninguna parte. Una carretera cortada por una abrupta sima de insondable oscuridad. Caigo. Agito los brazos y nadie me tiende la mano, no la mano que necesito. Se cansan, se aburren, no me entienden, no me ayudan. Solo, caigo y me regodeo en mi caída, en mi soledad, en mi dolor. ¿Soy especial porque sufro? Mentira. ¿Soy raro porque aún me duele? ¿Soy iluso porque siento lo que no sienten, no entienden, no...

Imagen con latido (10): Alicia

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Las cuatro insidiosas: Rabia

—Otra vez esos ojos... esos horribles ojos rojos mirándome fijamente. — Vale... —dijo Lena, resignada. Luego, suspiró, colocó la mano en la rodilla de su hermana y asintió con la cabeza mientras apretaba los dientes—. Entonces, resulta que esa niña que ves también tiene los ojos rojos, ¿no?

Imagen con latido (9): Canción de sirena

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Las cuatro insidiosas: Calamidad

“Otra vez esos ojos... esos extraños ojos amarillos mirándome fijamente”. Denisse se acomodó en el asiento de plástico y dejó de mirar a aquella niña de mirada áurea, sentada justo enfrente de ella. Bajó la mirada al suelo y deseó con todas sus fuerzas que los otros tres chicos que estaban en la sala de espera no se hubieran dado cuenta de que había estado mirando fijamente a una silla. Para ellos, el asiento en cuestión estaba vacío, pero, para los ojos de Denisse, estaba ocupado por una chiquilla que no le quitaba los ojos de encima.

Imagen con latido (8): La domadora de mi fiera

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Las cuatro insidiosas: Pesadilla

“Otra vez esos ojos... esos dichosos ojos verdes mirándome fijamente”. A tientas, palpó la pared de su derecha hasta que consiguió darle al interruptor para encender la luz de su habitación. Allí dentro estaba la pequeña una noche más, sentada al borde del colchón y con sus refulgentes ojos verdes clavados en él. Hacía dos días que no aparecía, y ya pensaba que se había librado de ella, pero una vez más volvía a tener delante de él a aquella maléfica niña, cuyos pies todavía no alcanzaban a tocar la moqueta del suelo.

Imagen con latido (7): Humanidad

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Encadenado al pasado

“ I´ve never betrayed your trust I´ve never betrayed your faith I´ll never forsake your heart I´ll never forget your face” [ Fragmento de la letra de “Untouchable, Part I”, del grupo “Anathema”. Esta h istoria se me ocurrió gracias a esa canción ] “Aquí yace mi antiguo yo”, pensó después de suspirar profundamente mientras la lluvia caía sin contemplaciones sobre su cabeza. El agua que recorría sus mejillas se confundía con las tímidas lágrimas que manaban de sus ojos. Con desgana, movió en el aire el pequeño ramo de flores blancas que sostenía. Se dio cuenta de lo estúpido que había sido traer flores, y las tiró a un lado sobre el encharcado césped del cementerio.

Imagen con latido (6): Diosa del amor

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Imagen con latido (5): A solas con mis temores

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Plegaria

Apretó fuertemente una mano contra la otra, apoyó los codos sobre el respaldo de madera del banco de delante y agachó la cabeza. Su dios lo observaba atentamente sentado desde su trono; sereno, impasible, ajeno a las penurias de aquel humano malherido que se arrodillaba ante su estatua para suplicarle un poco más de fuerzas.

Imagen con latido (4): La soledad mata a la cordura

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Mariposas en las paredes (Epílogo)

Roque colocó los brazos en jarra y contempló la enorme mancha de sangre en la pared. Acongojado, se colocó mejor la gorra y se pasó la mano por la boca. Le parecía increíble que toda la superficie estuviese decorada con la sangre del muchacho. Rápidamente, lanzó una fugaz mirada a la puerta de entrada y se aseguró de que su joven compañero seguía sentado fuera en los escalones del porche. Allí fuera, el chico uniformado de azul sostenía su rostro entre las manos. Era imposible que viera lo que Roque estaba haciendo dentro, de modo que este aprovechó la ocasión para santiguarse y salir raudo de la casa de las mariposas. Cuando pasó por debajo de la cinta de plástico que acordonaba la entrada, aminoró el paso. Dejó que el frío aire de la madrugara entrara por su nariz y refrescara sus pulmones, viciados con el denso olor a sangre fresca. Perdió la mirada en el horizonte de delante, donde las luces de la ciudad titilaban en la lejanía. Un poco más cerca, las luces parpadeantes de las amb...

Imagen con latido (3): Almas gemelas

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Mariposas en las paredes (Séptima y última parte)

Lo que Fran estaba viendo lo dejó sin aliento. De los ojos de Nórah no dejaban de caer grandes lágrimas, y con su mirada clamaba auxilio de una forma tan desesperada como silenciosa. Algo le retorcía la boca para esbozar una sonrisa forzada dirigida a su novio, quien tampoco fue capaz de articular palabra alguna. Se fijó en sus ojos y comprendió que Nórah seguía allí, dentro de su cuerpo, y la muchacha trataba de expulsar algo extraño de su interior a través de un vertido constante de lágrimas.

Imagen con latido (2): Amor eterno

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Mariposas en las paredes (Sexta parte)

Percibía claramente los latidos de su corazón, fuertes y apresurados. Notaba sus sacudidas tras los tímpanos, y también justo debajo de la garganta, que cada se estrechaba más y más dificultándole la tarea de tragar la poca saliva que le quedaba. Un súbito temblor casi le hizo perder el control de su rodilla cuando terminó de subir el último escalón, pero Fran mantuvo el equilibrio e iluminó la pared del fondo del pasillo que se extendía a su derecha. A la izquierda, encontró un marco astillado y descolorido donde antes había estado colocada una puerta de madera, ahora desaparecida.

Imagen con latido (1): Prisionero de tu ausencia

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Mariposas en las paredes (Quinta parte)

Sostenía la videocámara entre sus manos, mientras movía continuamente los dedos para que ningún pedazo de la carcasa de plástico se escabullera entre sus dedos. El aparato estaba hecho pedazos, pero aun así la agrietada pantalla estaba mostrando el vídeo de Nórah. Fran se limpió un hilo de sangre de la mejilla acercándose el hombro al rostro, tomó aire y no perdió ni un solo detalle de lo que estaba viendo.

Mariposas en las paredes (Cuarta parte)

Cada uno de los peldaños de madera crujía cuando Fran apoyaba la punta de sus botas. Percibía que el ambiente se enralecía conforme descendía por la escalera. El aire estancado del sótano olía a humedad y a polvo. Su acelerado corazón le hacía temblar el pulso y, con él, la luz de la linterna que iluminaba cada uno de sus pasos. Se acomodó la mochila de Nórah en la espalda, suspiró sin hacer demasiado ruido y, esta vez, consiguió dominar su cobardía y no miró atrás. Sabía perfectamente que el coche ya no estaba al alcance de su vista.

Mariposas en las paredes (Tercera parte)

—Nórah, venga ya. ¿Tan grande es la casa esa que te has perdido ahí dentro? ¿Dónde te has metido? Pero ella seguía sin responder. Fran tragó en seco y contempló, justo a un paso de distancia, la agrietada puerta de entrada. Había decidido salir del coche y acercarse a la vivienda abandonada para asegurarse de que el alcance de la radio era suficiente. Sabía que era una idea absurda, fruto de su creciente temor, pues hacía más de una hora que se había puesto en contacto con ella por radio, y desde mayor distancia.

Mariposas en las paredes (Segunda parte)

Aquel zombi se acercaba despacio mientras gemía con la boca abierta. La mandíbula inferior le colgaba de un delgado trozo de carne, y la criatura alzaba las manos mutiladas para atrapar a Fran por la espalda. Los sonidos guturales lo alertaron, y Fran se dio media vuelta justo a tiempo para moverse hacia un lado y esquivar el zarpazo del muerto viviente. Inmediatamente, fue a refugiarse a la esquina más próxima y recargó la metralleta. Sin mayor dilación, apretó el gatillo y contempló cómo la cabeza del zombi desaparecía tras una nube de sangre. El sonido, como el de un melón que revienta, resultó sorprendentemente gratificante. Sin embargo, la alegría duró poco, pues no se había percatado de que justo a su lado había un ventanal por el que asomaban otros tres cadáveres andantes. Fran intentó alejarse de ellos por el pasillo, pero una horda hambrienta se acercaba por ese corredor. Se le ocurrió retroceder, pero, tan pronto se giró, se encontró con otro zombi más, abalanzándose sobre é...

Mariposas en las paredes (Primera parte)

—Prueba de sonido... Uno... Dos... Tres... Probando —Nórah sopló unas cuantas veces sobre el micrófono, que bajaba hasta la comisura de sus labios desde el auricular derecho—. ¿Me oyes bien?

El último beso

Solicio atravesó bruscamente el umbral de la puerta y no perdió ni una milésima de segundo para cerrar la puerta a su espalda. Le faltaba el aliento, había estado corriendo demasiado tiempo, y había recorrido una distancia tremenda hasta que había encontrado aquella cabaña desvencijada, que a simple vista parecía abandonada.

La mordélula

Notaba su presencia dentro de su cuerpo. Estaba seguro de que aquel minúsculo y malvado ser existía y habitaba en su interior. Pero, a pesar de su certeza inamovible, nunca lo había visto, jamás lo había oído, y ni siquiera sabía que era posible que existiese bestia parecida.

Ego

―Dispara cuando quieras. Me las sé todas. Kay se mecía en la silla con aires despreocupados. Tenía una sonrisa bobalicona incrustada en la boca y mantenía la vista clavada en Patrick, sentado frente a él. A su alrededor no había nadie más, tan solo ellos y la mesa de aluminio a la que estaban sentados. Patrick pasó algunas páginas de su informe mientras jugueteaba nervioso con el botón del bolígrafo.

La nueva camisa de Marcos

—Así que ahora vives aquí. No está mal. Un poco oscuro, pero es acogedor. —¿Qué quieres?

Ingravidez

El mundo tiene un orden. Todo sigue un proceso. El sol sale por oriente y se pone por occidente. La luna atrae las aguas y genera las mareas. Las estaciones del año se suceden una tras otra y avisan a los árboles de cuándo perder sus hojas o cuándo deben dar sus frutos. Todo tiene un orden. Todo sigue un proceso.