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La mansión (Segunda parte de dos)

Más allá del sendero del jardín reseco, más allá del césped muerto sembrado de espinas, más allá de la fuente destrozada que salpicaba chorros de algo negro y viscoso, más allá de cualquier resto de cordura, se encontraba la mansión. Alice subió los pocos escalones hasta el porche y se aproximó a la puerta de entrada. Su firme convicción de que allí dentro se encontraba su bebé desaparecido la animó a tocar con fuerza en la madera agrietada para hacerse oír en el interior de la enorme y desvencijada vivienda. Esperó la respuesta unos segundos, pero solo encontró como respuesta los graznidos de los cuervos que la vigilaban desde las ramas retorcidas de los árboles monstruosos. Suspiró, no por resignación, sino para llenar sus pulmones y su espíritu de fuerza. Se puso la manta de su hija sobre los hombros y empujó la puerta de dos hojas para abrirla de par en par. La madera cedió al empuje y se astilló por los marcos. Una bofetada de olor a humedad y a aire estancado le sacudió la nar...

La mansión (Primera parte de dos)

Niebla y barro era cuanto había en aquel páramo. A pesar de que era pleno día, Alice no era capaz de distinguir el sendero del resto del barro en el que hundía sus zapatos rotos bajo la falda. “Siga el camino y no se salga de él”, le había recomendado el cochero, antes de fustigar a sus caballos para alejarse a toda prisa de la linde de la ciénaga maldita. Pero aquel consejo había caído en saco roto cuando Alice se fue adentrando cada vez más en la densa bruma, y todo a su alrededor desapareció engullido por el frío húmedo y mortecino de la niebla. Incluso se le emborronaba la mirada al bajar la vista hacia el borde sucio y mojado de su falda larga. Alice hizo de tripas corazón y estrujó la manta celeste que llevaba en sus manos. Se la llevó hasta la nariz y dejó que el aroma penetrara en sus fosas nasales. Aún olía a ella. Era el olor suave y dulce de su hija recién nacida. Apretó los labios, se pasó la mano por el cabello recogido en un moño descuidado y continuó adentrándose en la ...