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El manantial (Quinta y última parte)

El metal aún estaba caliente cuando Váral apretó el cañón de su arma contra la cabeza de Abbi. ― ¿Cuántos sois? ―le gritó―. ¡Responde!

El manantial (Cuarta parte)

El soldado Váral se asomó rápidamente por encima de la roca y apuntó con el fusil hacia el camión. A su nariz llegó el olor de la carne sanguinolenta de los pedazos desperdigados del camello, secándose al sol. A Váral todavía le costaba creer que acababa de estar justo al lado del causante de la emboscada. Apretó los labios, resignado por haber perdido la ocasión perfecta de haber acabado con él. Con la mirada, buscó a Kouric y lo encontró acercándose a su posición con el arma dirigida constantemente hacia la parte trasera del camión. Váral le hizo señas con la mano y le indicó que rodeara el camión por delante y que se acercara por el otro lado. Así, atacarían desde dos flancos. Por su parte, Rakku y Lailo se aproximaban al camión por la parte delantera, pero Váral les ordenó con otras señas que se detuvieran y que siguieran vigilando la zona. Váral no las tenía todas consigo, pues no estaba seguro de si podría haber más atacantes apostados cerca. Quizás, el crío escondido en el cami...

El manantial (Tercera parte)

― ¿Te has vuelto loco? ―le preguntó el soldado de la picazón en la cabeza, que salió a su paso y lo obligó a detenerse―. ¿Qué vas a hacer con esa granada? ¿Es que quieres que todo el mundo se entere de que estamos aquí?

El manantial (Segunda parte)

“No debería estar aquí. Están demasiado cerca, seguro que me encuentran. Van a matarme y no voy a poder hacer nada”, pensó Abbi, después de que el miedo lo hubiese dejado paralizado detrás de la roca. Esos y otros pensamientos nefastos cruzaron su mente mientras el convoy pasaba despacio justo por delante de su posición. Se apretó todo cuanto pudo contra la tierra de detrás de la piedra que lo ocultaba, como si intentara fundirse con cada grano de arena que se le pegaba a la ropa sudada. El ruido de los motores se volvió insoportable para sus oídos y el corazón se le aceleró como si estuviese escuchando los rugidos de una manada de leones hambrientos y sanguinarios. Pero a pesar de que aquel sonido resultaba intimidatorio, el despiadado rugido mecánico fue disminuyendo de intensidad conforme los vehículos militares frenaban la marcha gradualmente hasta detenerse ante el cadáver del camello.

El manantial (Primera parte)

El intenso calor resultaba agobiante y hacía creer que incluso el oxígeno se evaporaba lentamente y desaparecía del aire caldeado. Abbi respiraba, pero no sentía que llenase sus pulmones de aire. Para él, tan solo era calor ardiente entrando por su nariz y resecando su garganta. Entornó los ojos. Los rayos del sol caían verticales sin que ninguna nube se atreviera a interponerse en su camino. La tierra suelta de aquella montaña del desierto absorbía cada grado de temperatura y lo escupía de vuelta al cielo azul, creando la ilusión de una cortina de calor que derretía eternamente el lejano horizonte de la cordillera. Abbi enjugó las pocas gotas de sudor que pudieron escapar por debajo del sucio turbante que lo protegía del calor. Tomó todo el aire que pudo, y acomodó su posición una vez más, con extremo cuidado. Llevaba toda la mañana esperando, y empezaba a dolerle todo el cuerpo. Movió la áspera lengua dentro de su boca para librase momentáneamente del mal sabor que tenía desde el am...