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Mostrando las entradas etiquetadas como El fin

El fin (Epílogo)

Sentía peso sobre el cuerpo, pero con la somnolencia que lo adormilaba ni siquiera se molestó en quitárselo de encima. Creyó que seguramente todavía seguía acostado en la cama con Nelli, y yacía descansando bajo una pila de cojines desordenados. Tomó aire por la nariz, y olió a humedad. Aquella sensación fuera de lugar lo extrañó, y comenzó a inquietarse. Olor a tierra entró por sus fosas nasales, y le provocó una tos seca y violenta. Su cuerpo se convulsionó y, mientras sus músculos se tensaban, sintió un amargo dolor en el hombro, que se ramificó hasta la base del cuello. Fue en ese instante cuando se percató por primera vez de la inusual postura de su propio cuerpo, retorcido bajo el peso de encima. Confuso y desorientado, abrió los ojos para toparse cara a cara con la oscuridad. El hecho de no ver nada le encogió el estómago, y el miedo lo llevó a revolverse en el sitio. Las piedras que tenía encima rodaron unas sobre otras chocando entre sí. Convencido de una vez por todas de que...

El fin (Segunda parte de dos)

El caos más salvaje se había propagado por las calles como una lengua de fuego que cabalga sobre combustible. De un momento para otro, las normas, las reglas, las leyes... Todas las directrices existentes habían desaparecido de un plumazo. Cualquier resquicio de civismo había quedado relegado al olvido, y ni siquiera la poca policía que quedaba de servicio era capaz de contener la vorágine autodestructiva. La humanidad daba señales de haber desaparecido ya, incluso antes de que el asteroide impactara contra la superficie del planeta. En las calles, pocos escaparates quedaban sin romper. Los saqueadores se agolpaban bajo los boquetes abiertos en los cristales, mientras otros tantos salían de los locales cargando con cajas demasiado pesadas para sus fuerzas o demasiado grandes para sus brazos. Ahora, se mirase donde se mirase, nadie caminaba, todos los transeúntes corrían sorteando los coches que algunos otros habían abandonado en mitad de la carretera o sobre la acera. Los escasos vehí...

El fin (Primera parte de dos)

No hubo ningún aviso. No dieron ninguna rueda de prensa para prevenir a la población de lo que se le venía encima. Ni siquiera apareció ningún elegante presentador de informativos explicando lo que estaba a punto de suceder. Nadie dijo nada en ningún momento, y aún a día de hoy no se sabe a ciencia cierta si fue un silencio premeditado, o simplemente fue el resultado de un fatídico caso de ignorancia multitudinaria. Fuera como fuese, quizás la ausencia de información resultó ser lo más adecuado para que el pánico no cundiera por doquier. Sin embargo, aunque el silencio había sido absoluto, este poco pudo hacer para ocultar la evidencia que mostraba el cielo, y algunos empezaron a extrañarse de que aquella peculiar estrella brillase tanto, incluso de día.