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Nota del autor: Historia "Hijo"

Hola a todos. Supongo que algún día tenía que regresar por aquí. Vuelvo, aunque ahora a mi corazón le falta un pedazo muy grande. Pero bueno, aquí estoy, y ya tenéis la cuarta parte de "Sujeto de prueba 001", por si queréis leerla. El motivo principal de esta nota es volver a recordar una historia que escribí hace tiempo, titulada " Hijo ", y que creo que es oportuno volver a traer a la primera página. De paso, me gustaría felicitar las fiestas a todos, pero, en especial, a todas aquellas personas que estén tristes o que lo estén pasando mal, por el motivo que sea. Mucho ánimo. De nuevo, gracias a todos por estar ahí. Aio

Sujeto de prueba 001 (Cuarta parte de siete)

Día 3, jueves, 10 de mayo del 2035. Signos vitales: Temperatura: 37,3ºC. Pulso: 104. Presión arterial: 138 / 86.

Nota del autor

Hola a todos. Esta semana no habrá historia nueva. Hasta el próximo jueves 24. Gracias por estar ahí. Aio

Nota del autor: Paréntesis

¡Buenas! Pues aquí estoy. Como algunos ya sabréis, he sido un poco irregular estas últimas semanas a la hora de subir las historias. Y, por motivos personales, no podré subir historias en las próximas semanas. De modo que "Historias con latido" se va a tomar un pequeño paréntesis. El próximo día 17 de diciembre , si todo va bien, volveré a pasarme por este blog para publicar novedades. Hasta entonces, podéis disfrutar de todas las historias ya publicadas, y espero volver para esa fecha para continuar y finalizar "Sujeto de prueba 001". Un abrazo muy fuerte a todos y gracias por estar ahí. Nos veremos de nuevo pronto. Aio

Nota del autor: ¡Hola de nuevo!

¡Muy buenas! Algunos de vosotros os habréis dado cuenta de que el pasado jueves día 29 de octubre no subí ninguna historia al blog. En realidad, me fue imposible hacerlo, y me disculpo si alguno de vosotros se quedó esperando un capítulo nuevo de "Sujeto de prueba 001". Por suerte, esta semana retomo la historia y ya podéis leer la tercera parte. Muchas gracias a todos por estar ahí. Un abrazo muy fuerte. Aio

Sujeto de prueba 001 (Tercera parte de siete)

Día 2, miércoles, 9 de mayo del 2035. Signos vitales: Temperatura: 36,9ºC. Pulso: 94. Presión arterial: 122 / 81.

Sujeto de prueba 001 (Segunda parte de siete)

Día 1, martes, 8 de mayo del 2035. Signos vitales: Temperatura: 35,7 ºC. Pulso: 82. Presión arterial: 118 / 77.

Sujeto de prueba 001 (Primera parte de siete)

Día 0, lunes, 7 de mayo del 2035. Signos vitales: Temperatura: 35,7 ºC. Pulso: 85. Presión arterial: 117 / 75.

Algo curioso

El lunes le pasó algo curioso. Como en todos los inicios de semana, había terminado de trabajar a las nueve menos cuarto, cuarenta y cinco minutos más tarde de su hora de salida. Se dirigía a coger el metro, maletín en mano y paso apresurado. Estaba deseando llegar a casa, liberarse de las ataduras de su corbata y su camisa de cuello estrecho, y enfundarse su camiseta de Motörhead para olvidarse de los problemas del mundo mientras hacía vibrar con sus dedos las notas graves de su bajo. Pero ese deseado momento de desconexión aún debía esperar unos minutos hasta que llegase a casa. Ahora, esperaba pacientemente a que el semáforo de peatones se pusiera verde para poder llegar a la boca del metro del otro lado de la calle.

Los escritos de Sekai

Y ahí estaba Sekai, de pie, sola y con la barbilla bien alta, en una falsa señal de orgullo que apenas podía esconder el temblor de su miedo. Había alcanzado el borde mismo de la existencia. Muchos de los que se habían hecho eco del propósito de su viaje le habían hecho saber, sin ningún tipo de amable cortapisa, que estaba loca de remate, que su periplo iba a ser un despropósito catastrófico y que se abocaba directamente a su propia muerte guiada por unos ideales erróneos. Sin embargo, ella se mantuvo firme, firme y sola. Hasta que alcanzó su meta y se quedó de pie contemplando el objetivo alcanzado. Había demostrado que, desde el principio, había estado en lo cierto, pero ya no quedaba nadie a su lado para verlo. Allí estaba ella, de pie y sola, orgullosa y sola, asustada y sola, en el fin imposible de su mundo plano.

Piña colada

Los colores chillones de los neones que anunciaban varias marcas de cerveza eran la única fuente de luz dentro de aquel tugurio. El bar de Oli era oscuro y olía a cerrado, pero era justo el tipo de local que atraía, como moscas a la luz, a la escasa y dispareja panda de perdedores que acudía allí cada noche para ahogar sus penas en alcohol y en conversaciones cargadas de silencios, pensamientos profundos y miradas perdidas. Era jueves y, como todos los jueves y como todos los días, Oli se quedó un rato observando atentamente desde detrás de la barra cómo aquel anciano sentado al otro extremo se encorvaba desgarbado sobre su vaso de piña colada.

La nueva vida de Dana (Tercera parte de tres)

Pequeños y brillantes eran los ojos que destellaban desde la profundidad oscura y rocosa de la cueva. Atónitos y abiertos redondos de par en par, observaron incrédulos cómo la joven Dana se alejaba de la entrada de la cueva. Aquel ser, peludo y encorvado, dejaba que las sombras ocultaran su flaco cuerpo, mientras daba pequeños brincos nerviosos tras una estalagmita.

La nueva vida de Dana (Segunda parte de tres)

Colocó los brazos en jarra e inclinó la cabeza a un lado mientras no perdía detalle de la inmensa gruta que se abría ante ella como si fuera la entrada a un burdo y pedregoso túnel de una carretera forestal abandonada. Al lado de Dana, su perra Nomi seguía sentada en la hierba, emitiendo de vez en cuando algún gemido lastimero, como si al animal le preocupase que su dueña de adentrara en la oscuridad de delante.

La nueva vida de Dana (Primera parte de tres)

La cálida luz del sol de la tarde se filtraba en las alturas a través de las frondosas ramas. Dana cerró los ojos y alzó la cabeza hacia el cielo, que dejaba entrever su claro azul celeste por los huecos entre las hojas. Percibió el calor del sol en su cara, dibujando luces y sombras caprichosas al mismo tiempo que la agradable brisa mecía las ramas de arriba. El susurro de los árboles se convirtió en una melodía tranquila y relajante que entraba por sus oídos y se hundía hasta su corazón, calmando su latido y acompasándolo al vaivén del follaje que la rodeaba. Sin pretenderlo, una media sonrisa apareció en su rostro. Estaba tranquila y se sentía en paz. Entonces, escuchó el paso apresurado de cuatro patas que se acercaban hacia ella. Abrió los ojos y bajó la mirada para ver a su perra Nomi corriendo y saltando algunos arbustos, mientras sostenía en su hocico el palo que Dana le había tirado.

La puerta

Se llevó la mano temblorosa hacia la comisura de los labios y se limpió las salpicaduras. El sabor ferroso de la sangre de otra persona se coló entre sus labios y la boca le supo a asesinato. Con pasos descoordinados, se tambaleó descendiendo cada uno de los escalones que llevaban al sótano. Despacio, fue recorriendo los últimos metros que lo separaban de su objetivo: la puerta de madera al final de aquel pasillo. Las lágrimas asomaron en sus ojos y la mueca que empezó siendo de alegría se tornó en una mezcla de pena e ira. Para llegar allí había hecho tanto de lo que arrepentirse, había destrozado tantas vidas a su paso, había traicionado y se había aprovechado de inocentes... Todos y cada uno de sus actos deplorables lo habían conducido hasta aquel sótano, lugar marcado por las sombras que danzaban al ritmo de la hilera de velas que se derretían en el suelo. Todo lo hecho lo había hecho para llegar a aquella puerta. Todo, por abrir aquella puerta. Todo, por liberar a la prisionera d...

Obsidiana

Su oscuridad rivalizaba con la del mismo espacio profundo, aquel lugar remoto y negro, lejos de cualquier comprensión humana, donde el manto de la expansiva creación aún no ha llegado. Su superficie era lisa y pulida, tanto que a su paso, silencioso y permanente, se reflejaba al detalle cada una de las distantes estrellas, planetas y galaxias. Su forma era esférica, el más perfecto de los volúmenes, y este artefacto misterioso la adoptó ni se sabe cuándo, ni se sabe cómo. Sin embargo, su objetivo era sabido. Era uno de los más terribles propósitos, uno que era opuesto y definitivo para cualquier forma de vida, pero, al mismo tiempo, uno que suponía una medida constante para el universo. Se trataba de una esfera oscura, pulida y perfecta, desconocida a ojos humanos, que recorría los confines de la existencia, de un extremo a otro, con el único cometido de acabar con civilizaciones enteras.

En busca de la luz

Aliento escarchado de un ser hundido, ser que se hunde, que se cae en sí mismo. Burbujas que escapan de su dueño perdido, que se hunde más, que se cae en su abismo.

En busca de la oscuridad

Nada, nunca, nadie Los días pasaban sin parar Nada, nunca, nadie Cada vez tenía más peso que cargar.

Diario (Séptima parte de siete)

Día 1.

Diario (Sexta parte de siete)

Día 495. El pequeño y contaminado Lewis ha cumplido con su parte del trato.

Diario (Quinta parte de siete)

  Día 494 (todavía). No he podido aguantarlo. Tenía que escribir esto ya. Sigo viva. Bueno, si es que a esto se le puede llamar vida. Antes abrí la compuerta exterior para descubrir quién era mi misterioso visitante. Se trataba del niño moribundo que me había encontrado en el camino del bosque. Al parecer, no estaba tan moribundo como había pensado, y siguió mi rastro hasta el refugio. Alguien ha enseñado bien a ese crío, no era fácil seguir mi rastro entre la niebla, la oscuridad y todo ese caos que ahora es el mundo. Ojalá también le hubiesen enseñado a mantener intacto su traje de protección.

Diario (Cuarta parte de siete)

Día 494. No he podido abrir la compuerta exterior. Bueno, en realidad, no he sido capaz de hacerlo. Los golpes que escuché anoche eran reales, como si alguien golpease la compuerta con un tubo de hierro para que lo dejara entrar en el refugio. Al principio eran golpes fuertes, tanto que el sonido iba desde la cámara hermética de salida, atravesaba la zona de purificación y el área de esparcimiento y llegaba hasta mí, tumbada sobre la litera. Desde entonces los golpes se han repetido a lo largo de todo el día de manera intermitente, pero tengo la impresión de que cada vez se vuelven más débiles, como si las fuerzas estuviesen abandonando a quien quiera que sea el que está ahí fuera. Ahora mismo es casi de madrugada y han pasado unos veinte minutos desde el último que escuché. Y ojalá no vuelva a escucharlos. Todas las veces que los escucho es como si una estaca de remordimiento se clavara en mi estómago. No sé si estoy haciendo lo correcto dejando la puerta cerrada, pero no qu...

Diario (Tercera parte de siete)

Día 493. Anoche no pude dormir. No podía dejar de darle vueltas a todo. El panorama de ahí fuera, cómo está todo ahora... No saber nada de Raquel... Y encima lo de ese crío que me encontré... Todo ello se estancó en un revoltijo recurrente de preocupación dentro de mi cabeza y no me dejó tranquila ni un segundo. Traté de calmarme tomándome una infusión a eso de las tres de la mañana, pero no me hizo gran cosa. Seguía pensando en el día negro con el que me había topado cuando salí, y en el niño moribundo tirado a un lado del camino. ¿De verdad que se ha acabado el mundo así...? ¿Soy acaso la única que queda sin contaminar?

Diario (Segunda parte de siete)

Día 492. Ojalá no hubiese salido hoy...

Diario (Primera parte de siete)

Día 491. Esta mañana me he sentido muy sola. ¿Cómo no? Echo de menos cómo era todo antes: las conversaciones, la compañía..., incluso las discusiones. Añoro la sensación de hablar con alguien y de que esa otra persona te escuche y te responda. E incluso el hecho de asomarte por la ventana y ver gente por la calle. Pero, por lo que parece, todo eso ya es cosa del pasado. De hecho, en este sótano, ni siquiera tengo ventanas por las que asomarme. Todo ha cambiado tanto en poco tiempo, y todo apunta a que va a ser así permanentemente. Aun así, sigo intentando contactar por radio con alguien, pero sigue sin haber nadie al otro lado. Tan solo interferencias y ruido. Me niego a creer que soy la única que queda y que solo tengo como compañía mi propio reflejo en el espejo del cuarto de baño. No puede ser así. Me niego a pensar que las explosiones acabaran con todo el mundo.

Lo desconocido

Está en su dormitorio, tumbado boca arriba y en silencio, quieto y con la mirada clavada en ese punto diminuto que acaba de encontrar en el techo. Se fija en él y parpadea, el único movimiento que realiza su cuerpo en ese instante. Se pregunta qué será ese punto misterioso. A los pocos segundos, tiene la sensación de que el punto se mueve. Parpadea varias veces de nuevo e intenta fijarse mejor. El pequeño punto se desplaza despacio, de un modo casi imperceptible. Pero se mueve. Suspira profundamente y se deja llevar por la quietud del momento. Le da igual que ese punto fuese una hormiga o una araña, porque, en ese instante, en todo el universo, solo existe su conciencia alrededor de ese punto minúsculo y móvil.

Dolor

― Dale con el martillo ―le dijo Martin a su novia Bernadette, con una sonrisa de complicidad―. Tranquila, ten en cuenta que no está vivo ―le recordó al ver la cara de susto de ella sosteniendo el martillo en alto.

Primeras palabras

Como todas las mañanas, Dave se levantó como un resorte de la cama. Apresuradamente, y en silencio absoluto, metió los pies en las pantuflas de dinosaurio y comenzó a correr hacia el baño. Su frenética carrera de pasos estrepitosos era amortiguada por la mullida moqueta del pasillo, y sus zancadas retumbaron por toda la casa como aviso a sus padres de que el pequeño Dave ya estaba despierto. A continuación, el desconsiderado portazo los avisó también de que ya se estaba preparando para ir al colegio.

Historia para llevar

Caminaba al mismo tiempo que sostenía la hoja en su mano. Tenía algo de curiosidad por saber de qué trataba aquella historia escrita en una hoja de papel tan pequeña. A medida que iba leyendo, se fue percatando de que aquel relato trataba sobre sí mismo, y contaba cada acción que estaba sucediendo en aquel preciso momento. Justo entonces, casi como en un acto reflejo, volvió la mirada y sonrió en busca de la complicidad de alguien. Y, de repente, se paró a pensar. “Si esta historia trata sobre mí y sobre lo que hago justo ahora, quizás si salto al final y leo el último párrafo pueda predecir mi propio futuro”.

La dama del cementerio

[Cuento escrito en colaboración  con Casiopea Shine] Hace tiempo, vivió una joven chica en un país lejano del que ya nadie recuerda el nombre. Ella se enamoró de un cazador muy guapo. Ellos fueron felices durante cinco años, pero, un día, el cazador se acostó con una mesonera y rompió el corazón de la joven chica. La pobre muchacha se encerró en la casa sin querer salir. Su vida, poco a poco, se fue apagando hasta que, al final, ella murió.

Nota del autor: ¡Hola!

¡Muy buenas a todos! Me imagino que alguno se habrá dado cuenta de que la semana pasada no subí contenido nuevo al blog. El motivo fue que me tomé unas improvisadas vacaciones de Semana Santa. Así que, para compensar, esta semana subo una nueva "Imagen con latido", que sirve como adelanto de la historia de la semana que viene. ¡Un abrazo para todos! ¡Y muchas gracias por estar ahí! Aio

Imagen con latido (92): La dama del cementerio

Imagen

Boda de ladrones (Quinta parte de cinco)

La silueta de Kayra se alzaba esbelta en la esquina de la alta azotea. Erguida y con la cabeza en alto, se bajó la capucha y dejó que el viento de la madrugada removiera su melena negra. Permanecía quieta y sin ni siquiera alterarse lo más mínimo por la terrible caída que se abría a unos escasos milímetro de la punta de su calzado. Tomó aire y movió la cabeza, en un intento vano de colocarse las cervicales, pero su mirada se mantuvo fija en las alturas, hacia el frío brillo de la luna que se reflejaba en sus ojos llorosos.

Boda de ladrones (Cuarta parte de cinco)

“ ¿Por qué haces esto?”, oyó decir Hanzo. Este frunció el ceño y dejó de apartar la tierra sobre la tapa del ataúd de madera sobre el que estaba de rodillas. Alzó la mirada hacia lo alto y vio a Kayra de pie al borde de la zanja que él acababa de cavar en la húmeda tierra del cementerio. La joven lo miraba en silencio, con la pala del enterrador apoyada sobre el hombro derecho.

Boda de ladrones (Tercera parte de cinco)

La pareja de ladrones se deslizó sigilosamente por la cuerda hasta que las suelas acolchadas se encontraron con las húmedas briznas de hierba ocultas bajo la bruma del siniestro lugar. Kayra desenganchó la cuerda de lo alto del muro y cogió el gancho al vuelo en su caída. La chica se movía rápido y en silencio, con su esbelto cuerpo bajo la tela negra que la ocultaba en las sombras como si se tratara de una proyección fuera de todo tiempo y espacio. Hanzo se arrodilló tras la primera piedra que encontró, sintió la piedra fría humedeciéndole las puntas de los dedos que sobresalían de sus mitones. El tacto le erizó la piel, y poco tardó en bajar la mirada y toparse con el nombre inscrito en la superficie. Se había escondido tras una tumba, y, más allá, era lo único que podía ver: un ejército de lápidas torcidas sobresaliendo de un mar de niebla baja. Hanzo apretó los dientes y frunció el ceño. Todavía no terminaba de entender cómo Kayra lo había convencido de hacer algo que en realidad ...

Boda de ladrones (Segunda parte de cinco)

Hanzo no supo cómo reaccionar. ¿Kayra lo estaba diciendo en serio? ¿De verdad quería casarse con él?

Boda de ladrones (Primera parte de cinco)

La noche era plateada y serena. La luna llena iluminaba con tal intensidad que parecía querer rivalizar con la luz de su hermano sol. Allá arriba, desde su reino estrellado de las alturas, el satélite nocturno había sido testigo ruborizado del éxtasis amoroso de aquella pareja, oculta a plena vista en una azotea cualquiera de la aldea; entre tejados de tejas y gatos furtivos, pero lejos de los ojos indiscretos del pueblo durmiente. Ambos amantes estaban acostados bajo la manta y, a un lado de ellos y apoyados en el muro, estaban sus pertrechos: ropas oscuras con capucha, guantes, cuerdas, ballestas, ganchos... Nada de aquello había hecho falta para librar la dulce batalla que acababan de terminar. Yacían boca arriba, mientras él deslizaba sus dedos bailarines sobre la erizada piel del hombro de ella. Con la mirada perdida en la multitud de estrellas, los dos guardaron silencio, disfrutando de la quietud de la noche, y del poderoso latir de ambos corazones, extenuados tras haberse re...

Viento

― ¿De dónde ha salido toda esa sangre? Aunque el vaivén de la luz de la sirena iluminaba los árboles de los lados de la carretera de montaña, en el interior del vehículo tan solo alumbraba el débil bombillo de la luz del techo. Desde el asiento trasero del coche patrulla, el detenido esposado miraba a través del espejo retrovisor a su interrogador. Su mirada era tímida y fija, estática por debajo de las cejas empapadas de sangre. Aquellos ojos celestes del muchacho desprendían una inocencia inusitada para alguien con multitud de lamparones de sangre en cada centímetro de su ropa, empapada por doquier de un color rojo oscuro, ya casi marrón. El joven dejó que pasaran los segundos y se limitó a seguir guardando silencio y a continuar observando al agente por el espejo.

Mi castillo

Mi castillo está indefenso y manchado de sangre. Mi castillo está sólo en una llanura inabarcable. Y yo me encuentro en medio de dos infinitos, entre la nada de un yo que no se encuentra y mi castillo destartalado. Sentado con las piernas cruzadas, lo contemplo desde la distancia. Destrozado, humeante, roto y partido. Me gusta mi castillo, me gusta cómo lo has dejado.

Grietas en el cielo (Tercera parte de tres)

“ No es buena idea subir”, le confesó Sonia, dejando lentamente atrás la sonrisa de alegría que había lucido segundos antes. De ella solo quedó un tenue brillo de alegría en los ojos, que contrastaba con la mueca indecisa de una boca que no sabía como interpretar la mirada fija de Atelier en la azotea del edificio. Allí arriba, la grieta del cielo derribada parecía derretirse y verter su vacío líquido sobre lo alto del rascacielos en ruinas.

Grietas en el cielo (Segunda parte de tres)

“ No debió haber venido”, pensó Atelier, todavía a cubierto tras el muro mohoso y con la mirada fija hacia el lado contrario al de Sonia. Estaba convencido de que su carga de responsabilidad de aquella mañana se había duplicado, ya que ahora Atelier no solo tenía que llevar a cabo el ataque con éxito, sino que además tenía que preocuparse de que no mataran a la novia de su amigo Eric.

Grietas en el cielo (Primera parte de tres)

El lanzacohetes que portaba a la espalda pesaba más de lo que había pensado en un principio, y ya no quedaba rastro alguno de la terrible sensación de extrañeza cuando se vio forzado a sujetar un arma por primera vez. Dicha sensación de peligro había quedado muy atrás, dando paso a una terrible familiaridad hacia aquellos instrumentos de muerte que Atelier se veía forzado a usar día tras día. El plan de aquella jornada era claro: el lanzacohetes resultaba fundamental para tratar de asestar el primer golpe al enemigo.

Flora (Tercera parte de tres)

Flora sacó una bolsa de plástico del bolso. Era pequeña y con cierre hermético. El padre de la muchacha entornó los ojos, tratando de identificar aquellos pequeños puntos verdosos que se encontraban en el interior.

Flora (Segunda parte de tres)

Su padre, incrédulo ante lo que acababa de escuchar, se separó lentamente en el abrazo a su hija y la miró a través de sus lágrimas con gesto de incomprensión. ― ¿Cómo que has encontrado a “otro como tú”?

Nota del autor: Imágenes con latido

¡Muy buenas a todos! Aquí estoy de vuelta con más historias que contar. Sin embargo, quería anunciar que la sección de "Imágenes con latido" va a perder su frecuencia de una a la semana. Mi plan es llegar a las cien imágenes, de modo que las que faltan irán llegando a medida que las vaya terminando. En cuanto a las historias, mantendré la rutina de una a la semana cada jueves. Hoy tenéis la primera parte de "Flora". Espero que os guste. ¡Muchas gracias a todos! Aio

Flora (Primera parte de tres)

El anciano abrió la puerta todo lo rápido que le permitió la mano que no apoyaba en el bastón. A través de la mosquitera de la puerta abatible, se conmovió al contemplar el rostro angelical de su hija, que en aquel momento le regalaba una de las sonrisas más hermosas que el viejo había visto en toda su larga y sacrificada vida. Ya habían pasado casi veinte años desde la última vez que sus ojos habían podido deleitarse con la dulce sonrisa de su querida hija. Y ahora estaba justo allí, delante de él, de vuelta en la granja de su padre.