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La puerta

Se llevó la mano temblorosa hacia la comisura de los labios y se limpió las salpicaduras. El sabor ferroso de la sangre de otra persona se coló entre sus labios y la boca le supo a asesinato. Con pasos descoordinados, se tambaleó descendiendo cada uno de los escalones que llevaban al sótano. Despacio, fue recorriendo los últimos metros que lo separaban de su objetivo: la puerta de madera al final de aquel pasillo. Las lágrimas asomaron en sus ojos y la mueca que empezó siendo de alegría se tornó en una mezcla de pena e ira. Para llegar allí había hecho tanto de lo que arrepentirse, había destrozado tantas vidas a su paso, había traicionado y se había aprovechado de inocentes... Todos y cada uno de sus actos deplorables lo habían conducido hasta aquel sótano, lugar marcado por las sombras que danzaban al ritmo de la hilera de velas que se derretían en el suelo. Todo lo hecho lo había hecho para llegar a aquella puerta. Todo, por abrir aquella puerta. Todo, por liberar a la prisionera d...

Obsidiana

Su oscuridad rivalizaba con la del mismo espacio profundo, aquel lugar remoto y negro, lejos de cualquier comprensión humana, donde el manto de la expansiva creación aún no ha llegado. Su superficie era lisa y pulida, tanto que a su paso, silencioso y permanente, se reflejaba al detalle cada una de las distantes estrellas, planetas y galaxias. Su forma era esférica, el más perfecto de los volúmenes, y este artefacto misterioso la adoptó ni se sabe cuándo, ni se sabe cómo. Sin embargo, su objetivo era sabido. Era uno de los más terribles propósitos, uno que era opuesto y definitivo para cualquier forma de vida, pero, al mismo tiempo, uno que suponía una medida constante para el universo. Se trataba de una esfera oscura, pulida y perfecta, desconocida a ojos humanos, que recorría los confines de la existencia, de un extremo a otro, con el único cometido de acabar con civilizaciones enteras.

En busca de la luz

Aliento escarchado de un ser hundido, ser que se hunde, que se cae en sí mismo. Burbujas que escapan de su dueño perdido, que se hunde más, que se cae en su abismo.

En busca de la oscuridad

Nada, nunca, nadie Los días pasaban sin parar Nada, nunca, nadie Cada vez tenía más peso que cargar.

Diario (Séptima parte de siete)

Día 1.

Diario (Sexta parte de siete)

Día 495. El pequeño y contaminado Lewis ha cumplido con su parte del trato.

Diario (Quinta parte de siete)

  Día 494 (todavía). No he podido aguantarlo. Tenía que escribir esto ya. Sigo viva. Bueno, si es que a esto se le puede llamar vida. Antes abrí la compuerta exterior para descubrir quién era mi misterioso visitante. Se trataba del niño moribundo que me había encontrado en el camino del bosque. Al parecer, no estaba tan moribundo como había pensado, y siguió mi rastro hasta el refugio. Alguien ha enseñado bien a ese crío, no era fácil seguir mi rastro entre la niebla, la oscuridad y todo ese caos que ahora es el mundo. Ojalá también le hubiesen enseñado a mantener intacto su traje de protección.