Llanto cuarto: Samy
Greg se detuvo delante de la puerta del dormitorio de su hija, suspiró y se apoyó en el marco. Echó un vistazo dentro, pero no encontró a la pequeña Diana por ninguna parte. El cuarto estaba tan a oscuras que difícilmente podía ver el color rosa pastel de las paredes, las pegatinas de mariposas en el cabecero de la cama o las estanterías repletas de muñecas. La única luz que entraba en aquella habitación era la que provenía del pasillo y convertía a Greg en una silueta oscura en el umbral. Estuvo a punto de llamar a su hija en voz alta, pero justo en ese momento escuchó su sollozo. La pequeña se había escondido debajo de la cama.