Sentía peso sobre el cuerpo, pero con la somnolencia que lo adormilaba ni siquiera se molestó en quitárselo de encima. Creyó que seguramente todavía seguía acostado en la cama con Nelli, y yacía descansando bajo una pila de cojines desordenados. Tomó aire por la nariz, y olió a humedad. Aquella sensación fuera de lugar lo extrañó, y comenzó a inquietarse. Olor a tierra entró por sus fosas nasales, y le provocó una tos seca y violenta. Su cuerpo se convulsionó y, mientras sus músculos se tensaban, sintió un amargo dolor en el hombro, que se ramificó hasta la base del cuello. Fue en ese instante cuando se percató por primera vez de la inusual postura de su propio cuerpo, retorcido bajo el peso de encima. Confuso y desorientado, abrió los ojos para toparse cara a cara con la oscuridad. El hecho de no ver nada le encogió el estómago, y el miedo lo llevó a revolverse en el sitio. Las piedras que tenía encima rodaron unas sobre otras chocando entre sí. Convencido de una vez por todas de que...