Llanto octavo: Hermanas
Penélope se lavaba las manos sin levantar la vista de la cerámica. Nunca le había gustado ver su reflejo en el espejo, a pesar de que, en aquella ocasión, estrenaba el vestido que se había comprado exclusivamente para salir de fiesta con sus nuevas hermanas aquella noche. Tras la ceremonia del día anterior, ellas cinco eran como auténticas hermanas, y ese era un motivo más que suficiente para salir a celebrarlo. Penélope frotaba concienzudamente las manos entre sí para enjuagarse el jabón, y apretó los labios. A pesar del intenso estímulo inicial, la noche no estaba resultando ir como ella había imaginado. Mismo centro comercial, misma terraza, misma música y mismos babosos que no dejaban de entrarle para ligar con ella, y, a medida que avanzaba la noche, los halagos que le lanzaban olían cada vez más a alcohol. Al menos, en aquel instante en el servicio de chicas, Penélope disfrutaba de algo soledad, y se recreó en el tracto húmedo y fresco del agua que limpiaba sus manos. Se fijó ...