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Vagabundo

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Poco me importa que la luna de este planeta árido, de montañas colosales, sólidas y compactas, se interponga entre mi caza estelar y el sol, sumiéndome lentamente en un eclipse de una oscuridad absoluta mientras sobrevuelo la superficie. No consigo apartar la mirada de la pequeña pantalla verde y redonda de la cabina. La imagen me muestra el barrido de señales del radar como si fuera un parabrisas verdoso que va y viene sobre un fondo milimetrado. Tamborileo con los dedos sobre la palanca de mando mientras me muerdo el labio, nervioso. Esa dichosa línea en la pantalla todavía no detecta ninguna señal de la cápsula de escape de Anna.

La bailarina del desierto

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Las ráfagas del viento marcaban el compás. Las dunas circundaban la reseca y agrietada planicie, convertida en una improvisada pista de baile para los remolinos de viento. Los granos brillantes de arena se elevaban en el aire y brillaban como diminutos diamantes golpeados por los intensos rayos de sol, que caían verticales desde lo alto de un azul tan puro que parecía inabarcable para la vista humana. La arena se lanzaba contra sí misma en espirales caprichosas de belleza reseca y calurosa. Y, de cuando en cuando, parecía modelar un volumen invisible en el aire, como si una joven transparente bailara despreocupada en un desierto ardiente bajo un calor abrasador.

Príncipe azul

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El príncipe, con aires de derrota, cruzaba el bosque con el sol naranja del atardecer a su espalda. Caminaba delante de su corcel, de nombre Veloz, llamado así tanto por la presteza de su galope como por la inmediatez de sus reflejos en la batalla. El príncipe, contrariado, sujetaba las riendas de su fiel compañero de fatigas y negaba para sí mismo sacudiendo la cabeza de un lado a otro.

Nota del autor: Regreso

¡Muy buenas a todos! "Historias con latido" está de vuelta, y hoy os traigo la historia "Petición de mano". ¡Espero que os guste! Como siempre, muchas gracias por estar ahí. Saludos. Aio

Petición de mano

Más allá de nuestro sol, nuestro sistema y nuestra galaxia, más allá de la insondable oscuridad por la que avanzan las galaxias en su peregrinaje universal, más allá de la fuente del tiempo que riega de creación las costas de la existencia, más allá de la multitud infinita de universos arremolinados y superpuestos, más allá de los planos dimensionales de toda la existencia material, más allá de la membrana de orden que mantiene la cohesión del conjunto, más allá del cordón umbilical de luz entrelazada que mantiene el latido constante y eterno, más allá de todo cuanto hay y habrá, se encuentra Todo, un ser inconcebible para cualquier forma de vida. Único, s olitario... y enamorado. Fuera de todo espacio y todo tiempo, el amor de Todo es lo único que existe para él. Y esta fuerza universal más allá de cualquier tipo de comprensión ha hecho que hoy Todo hinque la rodilla ante su idolatrada Nada, la dueña de su corazón, la dominadora de su sentido, la chispa que hizo que dentro d...

Nota del autor: Próximas novedades

¡Muy buenas a todos! Esta semana os escribo para anunciaros que en noviembre volveré con una nueva historia en el blog. Hasta entonces, os dejo con el desenlace de "La mansión". ¡Espero que os guste! Como siempre, muchas gracias por estar ahí. Saludos. Aio

La mansión (Segunda parte de dos)

Más allá del sendero del jardín reseco, más allá del césped muerto sembrado de espinas, más allá de la fuente destrozada que salpicaba chorros de algo negro y viscoso, más allá de cualquier resto de cordura, se encontraba la mansión. Alice subió los pocos escalones hasta el porche y se aproximó a la puerta de entrada. Su firme convicción de que allí dentro se encontraba su bebé desaparecido la animó a tocar con fuerza en la madera agrietada para hacerse oír en el interior de la enorme y desvencijada vivienda. Esperó la respuesta unos segundos, pero solo encontró como respuesta los graznidos de los cuervos que la vigilaban desde las ramas retorcidas de los árboles monstruosos. Suspiró, no por resignación, sino para llenar sus pulmones y su espíritu de fuerza. Se puso la manta de su hija sobre los hombros y empujó la puerta de dos hojas para abrirla de par en par. La madera cedió al empuje y se astilló por los marcos. Una bofetada de olor a humedad y a aire estancado le sacudió la nar...