Óliver acercó el dorso de la mano al rayo de luz que salía de la grieta. La luz incidió en su piel y notó una agradable sensación de calidez, como la de un soleado día de primavera. Aquel haz de luz parecía luz solar. Óliver volvió la vista hacia la ventana. Se aproximó a ella y miró fuera através del cristal. La noche era absoluta y muy abajo, en la calle, las farolas seguían encendidas. A continuación, comprobó la hora en el móvil: eran las tres y diecisiete de la madrugada. Aprovechó la ocasión y llamó a Aarón. Óliver escuchó el zumbido del móvil de su amigo en el suelo al lado de la mesita. Óliver soltó su teléfono y se acercó con decisión al armario. Estaba determinado a encontrar una explicación al origen de aquella luz de la grieta. Afianzó los pies y tiró del armario. El ruido fue ensordecedor y el mueble se movió unos centímetros. Lo suficiente para que Óliver pudiera mirar detrás del mueble. Cuando lo hizo, no encontró nada fuera de lugar en la pared de la habitación. ...