Lana Mandala (Primera parte)
El gigante se reclinó sobre Lana. Ella no pudo evitar retroceder unos pasos al creer que iba a ser aplastada. Instintivamente, alzó la mano hacia el mástil de la guitarra que llevaba a la espalda, como si se tratara de un arma capaz de hacer mella en semejante criatura imponente. Pero el gigante se movía despacio y con delicadeza mientras flexionaba su cuerpo para acercar su rostro al suelo de la planicie, en lo alto de la meseta. Estaba convencida de que de poco le iban a servir las tres piezas de armadura oxidada que llevaba puestas si aquel ser colosal simplemente decidía aplastarla de un manotazo. La mujer sintió que todo su interior se sobrecogía y la fuerte impresión la desbordó con lágrimas incontenibles en los ojos. Aquel ser colosal ocupaba todo su campo visual, y daba la impresión de que todo un mundo se arrodillaba delante de ella y agachaba su rostro para contemplarla desde lo alto con unos ojos del tamaño de enormes lunas llenas.