El guardia jurado lo vigilaba disimuladamente desde el pasillo paralelo. Eric era perfectamente consciente de ello, pero decidió actuar como si no pasara nada y continuar revisando la parte trasera del DVD de “Dos tontos muy tontos”. Eric ya estaba acostumbrado a que los vigilantes pulularan a su alrededor en las grandes superficies. Era algo normal para él, aunque no lo entendía. Jamás había hecho nada fuera de la ley para que siempre lo considerasen un sospechoso en potencia. Eric lo achacaba a su forma de vestir. Suponía que llevar vaqueros rotos y camisetas desgastadas ya eran motivos suficientes como para no inspirar la confianza de los encargados de vigilar el lugar.