Los pies de Kara se apresuraron desesperadamente sobre el césped para regresar al sendero del parque. Sus pasos nerviosos y asustados se amortiguaban en la hierba con un sonido sordo, mientras la chica no dejaba de lanzar miradas hacia atrás para comprobar si aquel ser la estaba siguiendo. Hacía tan solo unos segundos, Kara había conseguido mantenerse tranquila y estática delante de aquel ángel; femenino, mutilado y arrodillado. Pero, finalmente, su miedo se había sobrepuesto al asombro. Las sensaciones de peligro e incertidumbre la obligaron a emprender una huida angustiosa para alejarse todo lo posible de aquel ser, cuya existencia creía imposible.